ES CORRECTO DECIR TODES?
¿Es correcto el uso de “todes”?
En los últimos años, el uso de palabras como “todes” ha generado debates intensos. Para algunas personas es una forma necesaria de inclusión; para otras, un exceso o una imposición. Pero quizá la pregunta “¿es correcto o incorrecto?” se queda corta.
En los últimos años, el uso de palabras como “todes” ha generado debates intensos. Para algunas personas es una forma necesaria de inclusión; para otras, un exceso o una imposición. Pero quizá la pregunta “¿es correcto o incorrecto?” se queda corta. Tal vez la pregunta más útil sea otra: ¿qué hacemos cuando hablamos, y a quién incluimos —o dejamos fuera— con nuestras palabras?
Para responder, conviene dar un paso atrás y mirar las bases.
El lenguaje como acción, no solo como descripción
Durante mucho tiempo se pensó que el lenguaje servía principalmente para describir la realidad. Sin embargo, filósofos como J. L. Austin y John Rogers Searle mostraron que hablar es mucho más que eso: hablar es actuar.
Cuando decimos algo, no solo emitimos palabras (acto locutorio), también realizamos una intención (acto ilocutorio) y generamos efectos en quienes nos escuchan (acto perlocutorio). Así, una misma frase puede informar, ordenar, invitar, herir, consolar o transformar una relación.
Decir “gracias” no describe nada: construye un vínculo.
Decir “cierra la puerta” no informa: intenta provocar una acción.
Decir “están casados” no comenta: cambia una realidad social, si se cumplen ciertas condiciones.
Desde esta perspectiva, el lenguaje no es un simple reflejo del mundo. Es una herramienta que lo organiza, lo sostiene y, en muchos casos, lo transforma.
Lenguaje, cultura y construcción de significados
Si el lenguaje actúa, también participa en la forma en que entendemos cosas como el género.
El sexo se refiere a características biológicas presentes en los seres humanos y en muchas otras formas de vida. Pero el género, en cambio, está relacionado con los significados, roles y expectativas que las sociedades han construido alrededor de esas diferencias.
Y aquí el lenguaje juega un papel central.
Cuando repetimos ciertas expresiones —por ejemplo, “los hombres no lloran” o “las niñas son delicadas”— no solo estamos diciendo algo: estamos reforzando una manera de ver y de vivir el mundo. Son actos de habla que, al repetirse, se vuelven norma.
Por eso se dice que el género tiene una dimensión sociohistórica: no porque sea una “invención arbitraria”, sino porque ha sido tejido a lo largo del tiempo mediante prácticas, instituciones y formas de hablar.
Y si el lenguaje ha contribuido a fijar ciertas realidades, también puede ayudar a cuestionarlas o ampliarlas.
Entonces, ¿qué pasa con “todes”?
En este contexto, el uso de “todes” aparece como un intento de ampliar el lenguaje para incluir a personas que no se identifican dentro del binario masculino/femenino.
En determinados espacios, su uso tiene fuerza. No es solo una palabra: es un acto que abre un lugar simbólico, que nombra lo que antes quedaba sin nombre. Ahí, el lenguaje cumple una función incluyente clara.
Sin embargo, cuando se usa de forma automática, como si fuera una solución universal, puede perder eficacia o incluso generar otros problemas. No porque sea “incorrecto”, sino porque el lenguaje deja de estar situado.
Desde la teoría de los actos de habla, esto es clave: para que una expresión funcione, deben cumplirse ciertas condiciones. Importa quién habla, a quién se dirige, en qué contexto y con qué intención.
Lo mismo ocurre con formas como “todxs”. En ciertos ámbitos —como publicaciones alternativas o expresiones culturales específicas— puede ser un gesto potente. Pero en otros contextos, por ejemplo para personas que utilizan lectores de pantalla o están en proceso de alfabetización, puede resultar poco accesible.
Así, una forma pensada para incluir puede, sin querer, excluir.
Más allá de la palabra: el lenguaje como cuidado
Si aceptamos que hablar es actuar, entonces el lenguaje incluyente no puede reducirse a una fórmula única. No se trata de encontrar “la palabra correcta” para usar siempre, sino de asumir la responsabilidad de a quién estamos incluyendo en cada acto de habla.
Hablar de manera incluyente implica imaginar una audiencia diversa:
Infancias que están aprendiendo a nombrar el mundo.
Personas mayores con otras referencias lingüísticas.
Personas con distintas capacidades sensoriales.
Personas con identidades diversas.
Personas que quizá nunca han reflexionado sobre estos temas.
En ese sentido, el lenguaje incluyente es menos una regla y más una práctica de atención.
A veces será adecuado decir “todas y todos”.
Otras veces, “todas las personas”.
En ciertos contextos, “todes” puede ser pertinente y significativo.
En otros, será mejor evitar marcas de género innecesarias.
Lo importante no es la forma en sí, sino el efecto que produce: si abre o cierra, si acerca o distancia, si permite que más personas participen o deja a algunas fuera.
Una conclusión abierta
Volviendo a la pregunta inicial: ¿es correcto usar “todes”?
La respuesta, desde esta perspectiva, no es absoluta. “Todes” puede ser correcto, valioso y necesario en algunos contextos. Pero no es, por sí solo, garantía de inclusión.
Porque la inclusión no depende únicamente de una palabra, sino de algo más amplio:
una actitud de cuidado, de escucha y de responsabilidad en el uso del lenguaje.
Si el lenguaje tiene el poder de construir realidades, también tiene el poder de transformarlas. Pero para que eso ocurra, no basta con repetir formas: hace falta pensar, sentir y situar nuestras palabras en relación con quienes nos escuchan.
Ahí es donde el lenguaje deja de ser una consigna… y se vuelve un espacio compartido.
RESUMEN.
ES CORRCTO USAR TODES?
Tal vez la pregunta más útil sea otra:
¿qué hacemos cuando hablamos, y a quién incluimos —o dejamos fuera— con nuestras palabras?
🧠 El lenguaje: mucho más que comunicar
Durante mucho tiempo se pensó que el lenguaje servía solo para describir la realidad. Sin embargo, pensadores como Ferdinand de Saussure mostraron que las palabras no tienen significado por sí mismas, sino por las relaciones que establecen dentro de un sistema.
Más adelante, Ludwig Wittgenstein propuso que el significado depende del uso: hablamos dentro de “juegos de lenguaje”, es decir, prácticas sociales vivas.
El lenguaje dejó de ser un espejo… para convertirse en algo vivo.
🗣️ Hablar es actuar
Sobre estas bases, J. L. Austin y John Rogers Searle dieron un paso más:
👉 hablar es hacer
Cuando hablamos:
- no solo decimos cosas
- también actuamos
- y producimos efectos
Decir “gracias” crea vínculo.
Decir “perdón” repara.
Decir “cierra la puerta” intenta cambiar una acción.
El lenguaje no solo describe el mundo:
lo organiza y lo transforma.
🌱 Lenguaje, cultura y género
Esto nos ayuda a entender la diferencia entre sexo y género.
- Sexo → base biológica
- Género → significados culturales construidos alrededor de esa base
Y esos significados se sostienen, en gran medida, con lenguaje.
Cuando repetimos frases como:
“los hombres no lloran”
“las niñas son delicadas”
no solo hablamos:
👉 estamos moldeando realidades
El género, entonces, no es una mentira ni una fantasía, sino una construcción sociohistórica sostenida por prácticas… y palabras.
❓ Entonces, ¿qué pasa con “todes”?
“Todes” surge como un intento de ampliar el lenguaje para incluir a personas no binarias.
En ciertos contextos:
✔ abre espacio
✔ nombra lo que antes no se nombraba
✔ tiene fuerza simbólica
Pero usado sin contexto:
⚠ puede perder eficacia
⚠ puede generar rechazo
⚠ puede excluir a otras personas (por accesibilidad o comprensión)
No es una palabra “mágica”.
Desde la perspectiva de Austin y Searle:
👉 el lenguaje solo funciona si está bien situado
✊ “Todxs” y la escena punk
Formas como “todxs” tienen sentido en contextos específicos:
- fanzines
- estética punk
- escritura alternativa
Ahí funcionan como:
🔥 gesto político
🔥 ruptura de norma
🔥 economía gráfica
Pero en otros contextos pueden dificultar la lectura o el acceso.
🤝 El lenguaje como cuidado
Aquí está el punto clave:
El lenguaje incluyente no es una fórmula.
Es una práctica.
Implica preguntarse:
👉 ¿quién está del otro lado?
👉 ¿quién puede quedar fuera?
Hablar para:
- infancias
- personas mayores
- personas con discapacidad
- identidades diversas
requiere algo más que repetir palabras.
Requiere atención.
🌍 Conclusión: inclusión como práctica viva
¿Es correcto decir “todes”?
La respuesta no es absoluta.
✔ A veces sí
✔ A veces no
✔ Depende del contexto
Porque la inclusión no está en una palabra.
Está en una actitud:
cuidado, escucha, pluralidad, tolerancia y respeto
El lenguaje puede cerrar mundos…
o abrirlos.
Y cada vez que hablamos, elegimos.
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